18 abril 2010

La fe en la pobres: lecciones del Banco Grameen

Casi todo el mundo quiere ayudar a los pobres. En un mundo en que muchos exigen ingresos del 10%, 20%, 30% o más sobre su dinero, hay quienes donan a los pobres a pesar de obtener un retorno “un 100% negativo”, dijo Alex Counts, presidente y consejero delegado de Grameen Foundation, institución dedicada a sacar a las personas de la pobreza prestándoles dinero para que puedan comenzar una empresa de tamaño pequeño.

Pocas personas parecen considerar el medio camino inaugurado por el Banco Grameen, una institución que revolucionó los métodos para hacer frente a la pobreza a través de préstamos concedidos a los pobres. Los préstamos del banco ayudaron a las personas, la mayor parte de ellas mujeres de Bangladesh, a comprar animales, abrir puestos de venta de alimentos y adquirir móviles que luego se alquilan y generan beneficios. ¿Por qué la mayor parte de los programas para combatir la pobreza hacen hincapié en la caridad en detrimento de la ayuda al emprendedor? Una razón, dice Counts, es que las personas con una situación relativamente privilegiada creen que los pobres no tienen preparación o experiencia suficientes para tener éxito en los negocios.

Counts, en una charla reciente dentro de la Serie Coleman de Charlas de Impacto Social, insistió a los asistentes a que reconsideraran la idea de que los pobres no son capaces de abrir y gestionar su propio negocio. Vivir con US$ 1 o US$ 2 al día agudiza la persistencia, la creatividad y la sobriedad, habilidades necesarias para cualquier buen emprendedor, dijo Counts. “Aquellos de nosotros que crecieron en un contexto de abundancia subestiman las habilidades de los pobres y lo que se puede aprender cuando se vive en una situación de supervivencia”, dijo él, añadiendo que jamás ha visto un cartel solicitando contratar gente en las aldeas más pobres del mundo. Los pobres trabajan para ellos mismos, o no trabajan.

Counts a menudo menciona la experiencia del banco en el segmento de teléfonos móviles. Cuando el fundador de la institución, Muhammad Yunus, se dispuso a ayudar a las mujeres de aldeas pobres y pequeñas de Bangladesh para abrir su propio negocio prestándoles dinero para que adquirieran aparatos móviles y que pudieran cobrar a los vecinos por su utilización, mucha gente le dijo que la idea no tendría éxito. Se pensaba que las mujeres no tenían la preparación suficiente para aprender a usar rápidamente el aparato. A pesar de eso, Yunus sacó adelante el proyecto y luego fue a visitar a las mujeres para ver cómo estaban saliendo las cosas. Les preguntó cuánto tiempo habían necesitado para entender cómo funcionaba el aparato. “Su aparato debe ser muy complicado”, le dijo una de ellas. “Mi teléfono tiene sólo diez números. No necesité ni diez minutos para comenzar a hacer negocios con él. Profesor Yunus, debería comprar uno de estos”.

El Banco Grameen es rentable desde 1983, pero no sigue el consejo tradicional de cobrar lo que el mercado es capaz de soportar, explica Counts. “El profesor Yunus dijo que cuando se presta a los pobres, lo que se debe buscar es recuperar los costes en los que se ha incurrido”.

Aprendiendo con la práctica

Counts aprendió acerca de los microcréditos con Yunus, que fundó lo que se convertiría en el Banco Grameen en 1976, convencido de que la concesión de pequeños préstamos a los pobres del mundo podría sacarlos de la pobreza. El banco sirvió de inspiración para la Fundación Grameen, creada por Counts en 1997 con US$ 6.000 de capital riesgo. La fundación y el banco son entidades separadas; la primera cuenta con una red de instituciones de microcrédito dotadas de programas educativos, capital y soporte de tecnología. El Banco Grameen generó una serie de programas similares que prestan pequeñas sumas de dinero a los pobres para que abran sus negocios: venta de artesanía, alimentos o servicios, etc. Esos préstamos han ayudado a los prestatarios a comprar cabras en Bangladesh, secadores de pelo para salones de belleza en Queens, Nueva York, etc. El total de préstamos concedidos es de US$ 100 millones al mes, pagados fielmente por los clientes en un 99% de los casos.

Counts profundizó su estudio sobre microcréditos a través de las conversaciones que tuvo con miles de prestatarios. Cuando estudiaba en Cornell, siguió el consejo de Yunus y aprendió bengalí para entender mejor la cultura y las personas de la región.

Después de estudiar economía en 1988, fue a Bangladesh como investigador de la Comisión Fullbright. Allí trabajó en el banco Grameen. Posteriormente, fue director legislativo de RESULTS, una campaña internacional para combatir el hambre; fue también gerente regional de CARE en Bangladesh durante dos años. Esas experiencias le enseñaron que el éxito llega poco a poco, a veces es necesario más de una generación. “Son raros los casos de éxito repentinos. Pocas personas comienzan un negocio y, seis meses después, ya han salido de la pobreza. Pero vemos como sube el estándar de vida, al principio despacio, pero después de forma constante en el caso de los que se dejaron convencer por la idea del microcrédito”. Diversos estudios disponibles en la web de la Fundación Grameen respaldan esa afirmación.

A pesar de los elogios generalizados al Banco Grameen y al microcrédito en general, Counts dijo que el sector aún se encuentra en su infancia. “Oigo a las personas decir: ‘La posibilidad de innovación en el sector de los microcréditos ha llegado a su fin’”, dijo Counts.

“El microcrédito ya ha conseguido muchas cosas, pero falta lograr mucho más”. Hace muchos años, un profesor de negocios dijo a sus alumnos que la mitad de los que iban a aprender en la escuela era erróneo, pero nadie sabía qué mitad era esa. Comparado con lo que se enseña en las escuelas de negocios, el campo del microcrédito es relativamente joven, dijo Counts. “Puedo garantizarles que cerca de dos tercios de lo que creemos que son las mejores prácticas son un error”, dijo, “porque el microcrédito tiene sólo algunas pocas décadas de historia”.

Tipos de interés elevados

A pesar de la creciente competencia en el sector del microcrédito, “el precio del crédito es demasiado alto. Tipos de interés del 40% hasta el 50% son comunes, si se toma el porcentaje anual”, dijo Counts, añadiendo que aunque esas tasas superen otros préstamos de pequeño tamaño hechos a los pobres, la industria del microcrédito deberá llevarlas a niveles más bajos. Otro problema: cada institución funciona según la tecnología que posee, lo que dificulta la comunicación entre las empresas de microcrédito. “Es como si todos dijeran: ‘Tenemos que crear un procesador de texto para nosotros’”, dijo Counts. Los microacredores también necesitan uniformizar los procedimientos utilizados para medir los beneficios. “Aún falta mucho para que podamos cotejar la verdadera naturaleza de los beneficios del microcrédito. Todos solían decir que eran rentables, pero usaban cualesquier tipo de parámetros”. El uso de estadísticas comunes podría también proporcionar una imagen más nítida de la pobreza mostrando si, de hecho, se está reduciendo por los micropréstamos y en qué medida. Además de eso, la industria apenas ha comenzado a evaluar su impacto ambiental.

Counts comparó la situación de la industria con la de Internet en sus inicios. A medida que las personas desarrollaron nuevas formas de usarla, creció de manera imprevisible y empezó a ser rentable de manera imprevista. “La infraestructura necesaria para el apalancamiento del microcrédito es, en realidad, algo mucho mayor que eso. En toda la historia del mundo, nunca hubo algo que motivara tanto a los pobres como el microcrédito”. Counts prevé que de aquí a algunas décadas, las personas mirarán hacia atrás, hacia el sistema actual de microcrédito, y van a considerarlo “absurdamente lento”.

Counts dijo que Grameen Shakti, una compañía derivada de Grameen y que vende sistemas de energía solar a los pobres de la zona rural de Bangladesh, utiliza el modelo de microcrédito de forma innovadora. La empresa entrena y emplea mujeres en el área técnica de mantenimiento del sistema. Inicialmente, los creadores de la compañía creían que si conseguían vender 100 sistemas solares podrían darse por satisfechos. Ahora, después de diez años, Grameen Shakti instala miles de sistemas todos los meses. Entre otros beneficios, la energía solar reduce la polución en el interior de las casas y permite que los niños estudien por la noche. Grameen Shakti, al igual que el banco, acertó debido a la ingenuidad de los aldeanos pobres. “Grameen Shakti no está gestionado por ingenieros, y ni siquiera por banqueros”, dijo Counts.

¿Por qué pagar por un seguro de salud cuando todo está bien?

El microcrédito de éxito requiere, muchas veces, que se experimente con modelos de negocios. Cuando el Banco Grameen intentó ofrecer seguro de salud a los pobres mediante una pequeña tasa anual además de una pequeña cantidad para cubrir las visitas médicas, “a los pobres no les gustó la idea. Dijeron: ‘¿Por qué deberíamos pagar por ese tipo de servicio cuando estemos bien?’ Entonces les dije: ‘Muy bien, ustedes tienen cuentas de ahorro. ¿Qué tal si dedujéramos US$ 3 al mes?” Esa nueva propuesta hizo que un buen número de personas comprara el seguro, y hoy el programa está recuperándose de prácticamente todos sus costes. La experiencia del Banco Grameen es coherente con la investigación económica, según la cual las personas se muestran más dispuestas a pagar por alguna cosa cuando no hay transferencia física de dinero, dijo Counts.

Además de ayudar a los pobres a ganar dinero, Grameen Bank los convierte en propietarios. Los prestatarios del banco tienen asiento en nueve de los 13 de la dirección de la institución, y todo prestatario es también accionista. Eso los llena de orgullo, dijo Counts. Una prestataria/accionista con asiento en la dirección del banco se describió a sí misma como ganadora del Nobel después de que Yunus y el banco ganaran el premio en 2006 por la fundación del Grameen.

Actualmente, más del 90% de los prestatarios de Grameen son mujeres. Cuando Yunus abrió el banco, creía que cerca de un 50% serían mujeres, en un porcentaje que reflejaría su número en la sociedad. Con el tiempo, sin embargo, observó que las mujeres pagaban con más regularidad que los hombres, y que ellas tendían a destinar sus ganancias a la familia. Los préstamos concedidos a las mujeres tenían un impacto mayor sobre la erradicación de la pobreza, lo que llevó el banco a buscarlas para que se hicieran clientes. Ese énfasis elevó también su estatus en la sociedad. Las mujeres de Bangladesh viven bajo la amenaza del divorcio. Cuando la boda fracasa, ellas generalmente vuelven a casa de los padres y no pueden casarse de nuevo. Pero para conseguir un préstamo, dijo Counts, la mujer necesita casi siempre tener alguna propiedad a su nombre. Cuando eso sucede, “pueden imaginarse cómo cambia la dinámica dentro de casa”.

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