03 octubre 2010

Hacia una cirugía sin sangre


Múltiples técnicas permiten racionalizar el uso de las transfusiones y con ello disminuir el riesgo de contagio de enfermedades por esta vía

DOCTOR BARTOLOMÉ LLORET Aunque hoy en día es imposible pensar en la posibilidad de desechar la transfusión sanguínea como un arma mas en la lucha contra la enfermedad y sobre todo su utilización en la cirugía, desde hace algunos años cada vez son más los hospitales que ofrecen equipos medico-quirúrgicos preparados para conseguir reducir la necesidad de utilizar sangre o sus derivados.

Fue en la década de los 70, cuando el doctor Ford, cirujano general, presionado por la demanda del colectivo religioso Testigos de Jehová inició un método de trabajo en el área quirúrgica de su hospital, enfocado a reducir la utilización de sangre en las intervenciones de alto riesgo. Posteriormente, la aparición del SIDA y otras enfermedades que se pueden transmitir por vía sanguínea como la hepatitis C aumentaron la preocupación del paciente por la transfusión.

El uso de la sangre como método terapéutico, y sin entrar en reflexiones ético-religiosas, tiene sin ninguna duda un valor enorme e insustituible, no sólo en el campo de la cirugía, sino en casos de perdida por traumatismos, enfermedades medulares o cáncer.
Sin embargo, todos somos conscientes tanto de la dificultad para conseguir donantes suficientes para satisfacer la demanda como de los riesgos que pueden derivarse de recibir una transfusión de sangre (si bien los controles actuales son mucho mas precisos).

Quizás desconozcamos que un 60% de las intervenciones quirúrgicas en las que se solicita sangre son de carácter electivo, es decir se pueden planificar. En el campo de la cirugía son muchos los avances que podemos utilizar para prevenir la perdida hemática:

En el preoperatorio:

Elegir el momento adecuado, cuando el paciente está realmente preparado, con controles analíticos previos. Utilización de hierro ,EPO ,reserva programada de la propia sangre del paciente. Técnicas anestésicas cuidadosas, manejando el volumen circulante y la presión sanguínea.

En la intervención:

Cada vez utilizamos en la cirugía instrumentos menos agresivos, como en la operación laparoscópica. Maquinas precisas que mejoran enormemente la coagulación de vasos y tejidos durante la cirugía. Instrumentos que sustituyen el bisturí: laser, ultrasonidos, crioterapia.

Pongamos por ejemplo el tratamiento quirúrgico de la próstata: hasta hace relativamente poco tiempo, cuando programábamos una cirugía de la próstata teníamos indefectiblemente que preservar sangre para una mas que probable transfusión sanguínea debido a la perdida hemática que se producía. Hoy, con el uso de los métodos endoscópicos y últimamente el laser, la transfusión se ha convertido en anecdótica.

Maquinas que recogen y filtran la sangre perdida durante la intervención y puede ser restituida.

Pero indiscutiblemente el cuidado del cirujano durante la intervención, la indicación precisa y tener presente la necesidad de ahorrar sangre es determinante. Estemos o no de acuerdo con las creencias religiosas que profesan aquellos que rechazan la transfusión sanguínea como método terapéutico, es de agradecer el impulso que han dado con su persistente demanda a la racionalización en la utilización de sangre y a la creación de medios técnicos necesarios para ello.

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